Sobre el gluten y el trigo por Verónica Núñez

Los medios de comunicación están esparciendo el miedo sobre que el gluten y el trigo son los verdaderos culpables de todos los males comunes. Al leer algunos de los bestsellers sobre alimentación, uno puede pensar que si tiene una dieta libre de gluten, uno puede estar delgado, saludable y sin enfermedad alguna, como si fuera un humano del paleolítico corriendo por las praderas.

Quizás hemos ido demasiado lejos en la batalla contra el gluten, hasta el punto de atribuir todas nuestras enfermedades, desde diabetes a enfermedades cerebrales, obesidad y todo mal, por el consumo de este cereal. Demasiada gente culpa a este cereal por sus dolores articulares, fatiga, problemas de estómago por el consejo recibido a través de libros que sorprendentemente culpan al trigo, dejando paso a cantidades ilimitadas de queso, aceites, y otros alimentos altamente procesados.

Para comenzar con este tema, es importante entender cómo el trigo encaja en la dieta occidental actual. Los occidentales comemos muchos cereales, de hecho tomamos una media de 200gr de cereales diarios. 200 gramos de ingesta de cereales incluyen arroz y trigo, pero principalmente es trigo el cereal que más consumimos, por lo que sería fácil asumir que nuestra ingesta de cereales proviene casi en exclusiva del trigo.

Si miramos el consumo de cereales integrales, entonces nos encontramos una historia totalmente diferente… Aproximadamente un 99% de la población ingiere menos del 10% de los cereales en su forma integral, lo que quiere decir que si ingerimos el equivalente a 7 tostadas de pan al día, tan sólo media de las siete, serían en su forma integral, siendo el resto pan de harina blanca.

Cuando los libros más populares sobre dietas hablan sobre la población adicta al trigo, hay que darse cuenta de que las 3 formas más consumidas de trigo son el pan blanco, las galletas, los pasteles y dulces, y la pizza. De hecho, la mayoría del trigo que comemos proviene de productos procesados que vienen combinados con grasas y aceites, sal, azúcar, carne y lácteos.

Cuando oímos que hay personas que se sienten mejor tras eliminar el gluten de la dieta, tenemos que darnos cuenta de que esas personas han eliminado no sólo el gluten, sino también las pizzas (harina blanca, queso, sal y toppings probablemente llenos de grasa saturada), pan blanco (harina blanca altamente refinada con conservantes y mejorantes panarios), galletas y dulces, y otros productos ricos en grasas y azúcares refinados, además de pasta (proveniente de harina blanca y suele ser acompañada con grandes cantidades de grasas añadidas, queso y sal).

Obviamente, cuando reducimos esas comidas de alta densidad energética de la dieta, perdemos peso y nos sentimos mejor. La cuestión es si nos sentimos mejor por haber eliminado el trigo de la dieta, o si es porque hemos eliminado a su vez todos esos ingredientes altamente densos en calorías y altamente procesados.

Esto no significa que el trigo sea el gran inocente y que sea totalmente inofensivo; ya que para algunas personas intolerantes al gluten, sus efectos adversos son reales y a veces muy severos.

Hay tres tipos de reacciones que pueden ocurrir al ingerir gluten si tienes problemas de intolerancia al mismo. Están las reacciones autoinmunes, reacciones alérgicas y otro tipo de reacciones, no alérgicas ni autoinmunes. La mayoría de las personas están preocupadas por si pueden tener una intolerancia al gluten sin llegar a tener la enfermedad celiaca. Esto entra dentro de la categoría de otro tipo de reacciones, la cual no está bien definida ni es fácil de diagnosticar.

Reacciones alérgicas

Las reacciones alérgicas, son reacciones severas que suceden rápidamente al ingerir el alérgeno (desde minutos a horas después de la ingesta). Las alergias alimentarias son más comunes entre los niños y suelen desaparecer con los años. Este tipo de reacciones, responden a un tipo de anticuerpo llamado IgE (inmunoglobulinas E). Si el sistema inmunitario de tu cuerpo es un ejército, un anticuerpo corresponde a un soldado que abarca una zona de acción.

Al comienzo del proceso de reacción alérgica, la partícula de comida, normalmente una proteína, es identificada como un elemento extraño al cuerpo, entonces el sistema inmunitario ataca a ese elemento extraño en un proceso complejo que implica a las IgE. Este proceso es similar a cuando nos pica una avispa. Las IgE activan ciertas células que descargan histamina y varias de otras sustancias para contrarrestar la sustancia extraña (por eso en medicina se recomiendan antihistamínicos para respuestas alérgicas moderadas). Esos químicos causan una dilatación de los vasos sanguíneos y conllevan síntomas como picor, hinchazón y enrojecimiento. Se puede producir hinchazón de los labios, lengua y garganta; y reacciones cutáneas como urticaria, quemazón, y reacciones diversas de la piel. En los casos severos las reacciones pueden ser un aumento severo de la presión arterial, o dificultad respiratoria en una reacción llamada anafilaxis.

Todas estas reacciones suelen pasar al poco tiempo de ingerir la sustancia a la que se es alérgico.

Las IgE son un indicador de que existe una reacción alérgica, por eso se puede considerar su medición ante una sospecha de enfermedad celiaca o alergia al gluten.

Sin embargo, hay reacciones alérgicas que no son mediadas por las IgE, y éstas tardan más tiempo en mostrar su reacción. Estas reacciones incluyen condiciones que causan inflamación en diferentes partes del tracto intestinal. Síntomas de esas alergias suelen incluir vómitos, diarrea, reflujo, sangre y moco en las heces, y dolor abdominal (cólicos). También se dan reacciones cutáneas que no se pueden clasificar bajo la categoría de las IgE, éstas son los eczemas. Aunque la relación entre los eczemas y las alergias a algunos alimentos no está bien entendida todavía…

Pruebas donde al sujeto se le administran varias sustancias sin saber cual está ingiriendo son la mejor forma de testar si el individuo es alérgico a alguna sustancia, pero este tipo de estudios es poco frecuente.

Hay una gran variedad de comidas que son conocidas por sus reacciones alérgicas. La lista siguiente indica los alérgenos alimentarios más comunes de mayor incidencia a menor.

  1. Lácteos (el alérgeno más frecuente)
  2. Huevos (muy frecuente)
  3. Marisco (muy frecuente)
  4. Cacahuetes (muy frecuente)
  5. Pescado (frecuente)
  6. Frutos secos (frecuente)
  7. Fruta (frecuente)
  8. Trigo (menos frecuente)
  9. Soja (menos frecuente)
  10. Verduras y otras legumbres que no sean cacahuetes (menos frecuente)

En comprobaciones amplias de estudios publicados, entre el 12 y el 13% de la población resultó tener una alergia alimentaria a los siguientes alimentos: leche de vaca, huevos, marisco, cacahuetes

y pescado. Un número mucho menor de personas presentó alergias hacia otras plantas que se presentan en la lista. La leche de vaca es el alérgeno alimentario más importante con una incidencia del 7% en niños y entre el 1 y el 2% de la población adulta occidental.

Estudios recientes nos muestran que el 3% de la población es alérgica a alguno o varios de los alérgenos más comunes. La mayoría de alergias alimentarias (excepto la de los frutos secos), la mayoría de la población las ha desarrollado durante la adolescencia.

Basándonos en los estudios recientes, el trigo es una causa menos común de alergias alimentarias comparado con otros alimentos más problemáticos.

Las reacciones alérgicas conectadas al trigo, aparecen más comúnmente en la piel, el tracto gastrointestinal, y el sistema respiratorio. Un pequeño porcentaje de panaderos, que están todo el día inhalando harina de trigo debido a su trabajo, desarrollan alergias respiratorias a la harina de trigo y moqueo nasal. La proporción de panaderos que desarrollan estos síntomas es mayor que en el resto de la población.

La alergia al trigo, es factible, pero no es algo por lo que la mayoría de la población debería de estar preocupada. De hecho, hay otros alimentos que comúnmente son mayores causantes de alergias alimentarias.

Respuestas autoinmunes al trigo

Las respuestas autoinmunes al trigo, por otro lado, son una causa seria de preocupación. En esta categoría de reacciones están la enfermedad celiaca, la dermatitis herpetiforme, y una condición neurológica llamada ataxia por gluten. También hay alguna evidencia que enlaza al gluten con la diabetes tipo 1.

La enfermedad celiaca es sin duda la respuesta autoinmune más común de las reacciones al gluten.

En la celiaquía, las células autoinmunes atacan al ver que el gluten ha sido absorbido por las células intestinales. Como resultado, el intestino delgado se vuelve inflamado, y esto conlleva a una disfunción con varios síntomas y complicaciones. Este proceso puede darse durante semanas o incluso años, siendo un proceso asintomático por lo que hace que sea más difícil de diagnosticar.

La enfermedad celiaca se ha vuelto más reconocida en los últimos 10-15 años, ya que afecta a más personas de las que inicialmente se pensó que podía afectar. Un estudio de 2003, medía la prevalencia de la enfermedad basándose en pruebas de sangre y biopsias intestinales; en este estudio se encontró que en la población que estaba en bajo riesgo de contraer la enfermedad, aproximadamente 1 de cada 133 personas tenía la enfermedad celiaca. Aquellos que estaban en alto riesgo, son aquellos que tienen familiares con la enfermedad.

Los síntomas más comunes de la celiaquía son la diarrea crónica, pérdida de peso, distensión e hinchazón abdominal. Sin embargo también se pueden dar síntomas como la anemia, molestias abdominales, ulceras en la boca, cansancio crónico, fragilidad capilar, inflamación del hígado, o estrechez en los huesos. Algunas personas que han tenido celiaquía sin diagnosticar, han sufrido osteoporosis, infertilidad y abortos repetidos. La mayoría de estos síntomas están asociados a una pobre absorción intestinal debido a la inflamación del intestino.

Sin duda esta es una enfermedad seria y peligrosa, pero la buena noticia es que si eliminamos el gluten (trigo, cebada, centeno, avena) de la dieta, la mayoría de las personas suelen revertir su enfermedad y su intestino vuelve a funcionar bien de nuevo.

Si eliminando el trigo se soluciona el problema… ¿Podríamos por eso decir que el trigo causa la enfermedad? No, no podemos; ya que la mayoría de la población consume trigo y menos de un 1% contrae la enfermedad. Pero, ¿Por qué le ocurre a algunas personas? La respuesta más honesta sería que todavía no está claro. Hay un fuerte componente genético de la enfermedad. La mayoría de la gente que tiene celiaquía tiene uno de los siguientes genes: HLA-DQ2 o HLA-DQ8. De hecho casi el 100% de las personas con enfermedad celiaca tienen uno de estos genes activos o parte de uno de ellos, que más comúnmente es el HLA-DQ2. Pero la genética es muy complicada. Hay al menos otros 39 genes que junto al HLA pueden jugar un papel importante en la predisposición a la enfermedad celiaca.

Pero los genes por sí solos no pueden causar la enfermedad. El gen HLA-DQ2, por ejemplo, está presente en el 35% de la población europea y sus descendientes, sin embargo, sólo un 1% desarrolla la enfermedad. Es más, no es incluso la exposición al trigo en la población con estos genes lo que hace que desarrollen la enfermedad celiaca, de hecho, mucha de las personas con ambos genes, viven saludablemente durante la mayoría de su vida consumiendo trigo hasta que en los últimos años de su vida la enfermedad emerge. En otras palabras, los genes HLA y la exposición al trigo son necesarios pero no suficientes para que por sí mismos causen la enfermedad celiaca.

En un estudio particularmente interesante, un grupo en Finlandia, siguió a niños nacidos con los dos genes HLA y los expuso al gluten para contraer la enfermedad celiaca. Los investigadores midieron los anticuerpos en sangre que estaban relacionados con la celiaquía. Los niños crecieron de forma normal con una dieta que incluía trigo. De ellos, el 4% daba positivo en los test de sangre que mostraban que habían desarrollado anticuerpos que atacaban a las proteínas relacionadas con el gluten. Lo lógico sería pensar que esos niños, que consumían una dieta con gluten, que tenían ambos genes relacionados con la celiaquía, y que habían desarrollado una respuesta inmunitaria ante el gluten, desarrollarían la enfermedad celiaca. Pero de hecho, el 49% de estos niños, espontáneamente perdió la mayor parte de los anticuerpos relacionados con la proteína del gluten, dejándoles sin anticuerpos que normalmente están relacionados con la enfermedad celiaca. Y todo esto sucedió mientras continuaban consumiendo gluten y trigo en la dieta. Algo en el medioambiente, su sistema inmunitario, o sus intestinos cambió y dejaron de producir anticuerpos relacionados con las proteínas relacionadas con el trigo.

Resultados similares ocurrieron en un estudio en Francia de 61 adultos que habían sido diagnosticados de celiaquía durante la infancia. Esos 61 pacientes continuaron comiendo trigo tras un tiempo sin tener los síntomas y no volvieron a desarrollar la enfermedad tras introducir de nuevo su ingesta. La mayoría de ellos, todavía en su edad adulta, tiene algún grado de enfermedad celiaca en sus intestinos, aunque sin síntomas visibles. Y el 20% de ellos que fueron diagnosticados durante la infancia, incluso con una dieta común que contenía gluten y trigo, no volvieron a desarrollar ningún síntoma, signos de daño intestinal o problemas relacionados. Los investigadores no sabían el por qué ese 20% parecía haber sido curado sin ningún tipo de tratamiento.

Claramente existe algo más que no es el consumo de proteínas de gluten y predisposición genética que lleva a algunas personas a la enfermedad celiaca, pero todavía no está claro. Algunos virus pueden participar en la enfermedad, también si la persona fue amamantada durante sus primeros años de vida y el tiempo a la que se le introdujo la comida, y también hay investigaciones interesantes sobre otros nutrientes y alimentos que pueden cambiar el curso de la enfermedad. Hay otros estudios que han demostrado que la variación de diferentes bacterias presentes en nuestros intestinos puede jugar también un papel importante. Pero ninguna de estas hipótesis es lo suficientemente clara para concluir la única causa de la celiaquía, y posiblemente se tardará mucho tiempo en tener una conclusión clara.

Otras enfermedades también relacionadas con el gluten son la dermatitis herpetiforme y la ataxia por el gluten. La dermatitis herpetiforme son erupciones cutáneas que ocurren en personas con la enfermedad celiaca. Suelen salir ampollas, vejigas que pican y escuecen en diferentes partes del cuerpo, aunque son más comunes detrás en el codo, por delante en las rodillas, en el trasero, y algunas veces en el cuello y el cuero cabelludo. Es mucho menos frecuente que la celiaquía, con una prevalencia de dos casos por cada 10.000 personas. Estas erupciones disminuyen con una dieta libre de gluten, así que aquellos que son diagnosticados con esta dolencia deberían optar por una dieta libre de gluten y hacerse los análisis correspondientes a la enfermedad celiaca.

La ataxia por el gluten es otra respuesta autoinmune al gluten. “Ataxia” es un término que significa pérdida de coordinación de los músculos implicados en el movimiento, y puede presentarse de formas muy diversas. Por ejemplo, alguien con ataxia al andar, puede parecer que ha bebido demasiado alcohol. Esta enfermedad puede tener problemas muy serios de discapacidad neurológica. Raramente una persona desarrollará esta enfermedad de forma espontánea y sin causa conocida. Se sabe que el 25% de las personas que contraen ataxia, tienen anticuerpos hacia la proteína del trigo. Desafortunadamente el cuerpo en esta enfermedad confunde a las proteínas del trigo con un tipo de células del cerebelo donde se sitúa la parte del cerebro que ayuda a coordinar los movimientos. Así el sistema inmune ataca a las células además de la proteína del trigo, causando esta condición llamada “ataxia por gluten”.

La gente que tiene algún tipo de ataxia debería hacerse las analíticas correspondientes para descartar la enfermedad celiaca, y si se encuentra relación, deberían de llevar una dieta libre de gluten. Esto puede prevenir daños futuros, ya que cualquier daño que ya se ha realizado al cerebelo es posiblemente irreversible.

Y finalmente, la diabetes tipo 1 ha sido relacionada con la enfermedad celiaca. Previamente conocida como la diabetes juvenil, es mucho menos común que la diabetes tipo 2. La diabetes tipo ocurre cuando el sistema inmunitario ataca al páncreas. En la enfermedad, el sistema inmune destruye lentamente la habilidad pancreática para producir insulina, la cual es necesaria para el manejo y uso de la glucosa en sangre en todo el cuerpo. El 5% de las personas con diabetes tipo 1 son a su vez celiacas, esto es significativamente superior al 1% de celiacos de la población general.

Algunas de las investigaciones, sugieren que la proteína del trigo causa o empeora algunos aspectos de la diabetes tipo 1, sin embargo otros estudios muestran lo contrario, que el trigo tiene un efecto protector frente a la diabetes tipo 1 frente a otros alimentos más dañinos.

Sobre la diabetes tipo 1 hay muchos interrogantes que no solo lo relacionan con la celiaquía. Otros alimentos como la leche de vaca se muestran como muy probables causas de la diabetes tipo 1.

Mientras todavía queda mucha investigación por hacer sobre este tema, aquellos que apuntan al trigo como la posible causa de la diabetes tipo 1, están ignorando una amenaza mucho mayor a esta enfermedad como son los productos lácteos.

Sensibilidad al gluten no celiaca

Llegados a este punto, hemos podido apreciar que la alergia al gluten aunque poco probable, es posible. También hemos visto que es menos común que otras alergias a otros alimentos. Por lo tanto si la celiaquía y las enfermedades mencionadas anteriormente fuesen todas las relacionadas con el gluten y de las que nos debiéramos de preocupar, entonces habría un porcentaje muy pequeño de personas para las que una dieta libre de gluten estaría indicada desde el punto de vista médico.

También tenemos que tener en cuenta que alimentarse con una dieta libre de gluten se ha convertido en una “moda” por explotar desde el punto de vista comercial. En los últimos años, más del 40% de todos los nuevos productos alimenticios han sido etiquetados como saludables y nutritivos. En 2001, ninguno de los 10 productos más populares relacionados con la salud aclamaban que estaban libres de gluten, sin embargo en 2010, “sin gluten” era el segundo reclamo más usado en los productos que se anunciaban como saludables y nutritivos.

Diferentes encuestas han encontrado que el 15% de los consumidores, compran variedades de comida “sin gluten” en el año 2015. Sorprendentemente, las mismas encuestas, encontraron que solo 1 de cada 10-20 personas, compraba productos sin gluten para tratar su enfermedad celiaca.

Entonces, ¿Por qué hay una parte importante de la población que consume productos etiquetados “sin gluten”? Libros muy populares y diferentes páginas de internet han recibido con los brazos abiertos el concepto de que incluso aquellas personas que no tienen la enfermedad celiaca, pueden sufrir síntomas y enfermedades que varían desde fatiga, dolores de cabeza, depresión, dolor abdominal, obesidad, diabetes tipo 2, artritis reumatoide, esquizofrenia, enfermedad cardiaca y otras enfermedades crónicas y degenerativas. El énfasis en estos mensajes suele ser para aquellos que consumen una dieta occidental, simplemente eliminando el gluten de su dieta, pueden alcanzar una mejoría importante en su salud. ¿Pero qué investigaciones hay tras esto?

Hoy en día hay suficientes investigaciones para asegurar que una intolerancia al gluten no celiaca es real, pero la mayoría de reivindicaciones que se hacen sobre su sintomatología y relación exclusiva con el gluten no tiene mucha investigación de fondo por el momento. En otras palabras, llegados a este punto, la explotación comercial de los alimentos libres de gluten no tiene una justificación científica que pueda ser relevante para la salud de la mayoría de las personas. De hecho, hasta hace unos años, los científicos debatían sobre si realmente existía la sensibilidad al gluten no celiaca.

Esto no significa que no exista tan situación, de hecho, la sensibilidad al gluten no celiaca, cuando cumple criterios estrictos, es real y puede causar síntomas problemáticos. Para justificar dicho diagnóstico, hay una sintomatología que se debe dar:

– Que el paciente no tiene alergia al gluten. Confirmado con analíticas de sangre y piel)

– Que el paciente no tiene celiaquía. Confirmado por analíticas de sangre, test genéticos, y biopsias del intestino delgado.

– Y la prueba más importante es que durante un ensayo ciego clínico, los síntomas desaparecen con una dieta libre de gluten.

La última prueba es la más importante. Durante el ensayo, el paciente debe de tomar una dieta libre de gluten y se le administran por vía oral unas cápsulas que pueden ser con o sin gluten sin que el paciente sepa lo que contienen para no sesgar el ensayo. Durante una semana se le dan las cápsulas con gluten y se ven los resultados, y durante otra semana se le administran la que no contiene gluten y se vuelven a medir los resultados y sintomatología. El paciente no sabe el orden ni lo que contienen las cápsulas. Si el paciente continúa con los síntomas cuando es expuesto a las cápsulas de gluten, y remiten los síntomas cuando se le administran las cápsulas sin gluten, entonces sí que se puede diagnosticar una verdadera sensibilidad al gluten no celiaca. Este tipo de ensayos eliminan el efecto placebo, ya que es fascinante y enormemente poderoso el efecto psicológico y emocional que afecta a nuestra salud y hace aparecer diferente sintomatología en las personas.

Desgraciadamente este tipo de pruebas y ensayos son poco comunes en las consultas médicas de la mayoría de los países, por lo que se hace aún más difícil detectar una prevalencia de esta sensibilidad al gluten fue del campo de la investigación.

Pero veamos que han mostrado las diferentes investigaciones al respecto…

Un grupo de investigación en Italia estudió a 920 pacientes diagnosticados con el síndrome del colon irritable (SCI). El SCI es un desorden caracterizado por problemas intestinales y dolor abdominal durante al menos 12 semanas que va acompañado de defecaciones con heces irregulares en forma, cantidad y apariencia. Es un diagnóstico usado para agrupar todos esos síntomas digestivos que no encajan dentro de otras enfermedades.

Como puedes imaginar, este grupo de pacientes tiene muchas más posibilidades de tener cualquier tipo de alergia o intolerancia alimentaria. Estos síntomas son similares a aquellos causados por el trigo a las personas sensibles o intolerantes a él. Así que en este estudio cogieron a 920 con SCI, confirmaron que no tenían celiaquía o alergia al trigo y los sometieron a un ensayo ciego con diferentes alimentos. Todos ellos adoptaron una dieta libre de gluten, lácteos, tomate, huevos, chocolate y otros alimentos que empeoraban sus síntomas. Tomaron esta dieta durante 4 semanas, y tras este periodo se les administró pastillas que podían contener o no gluten. Todos los pacientes tuvieron 2 semanas de placebo, y 2 semanas de gluten pero nadie sabía en qué orden se les estaba administrando, y se observaron sus síntomas.

Los resultados fueron que 276 de los 920 pacientes de SCI (30%) tuvo una mejoría de los síntomas en la dieta de eliminación y sus síntomas volvieron cuando les fue administrado las pastillas de gluten. Los investigadores pusieron esos 276 pacientes sensibles al gluten en otros tipos de pruebas para examinar si eran también sensibles a otros alimentos. Hicieron el mismo método de doble ciego con proteínas de leche de vaca, y encontraron que de esos 276 pacientes que dieron positivo hacia el gluten, 206 dieron también positivo en la proteína de leche de vaca. En otras palabras, el 75% de las personas que eran sensibles al gluten, también lo son a la leche de vaca.

Desafortunadamente los investigadores no investigaron si los pacientes con SCI son intolerantes a la leche de vaca sin ser sensibles al gluten.

El mensaje que nos tenemos que llevar sobre este estudio es que incluso entre las personas con SCI, sólo el 30% era sensible al gluten y la mayoría de esas personas eran intolerantes a los lácteos y a otros alimentos también. La intención no es descartar el papel del gluten en esta investigación, sino señalar que hay otros alimentos y factores determinantes y no exclusivamente el gluten.

Otro estudio en Australia, confirmó la realidad de la sensibilidad al gluten no celiaca cuando examinó a un grupo de 39 pacientes con SCI. Para ser aceptados como participantes del estudio, los pacientes debían (con sus analíticas correspondientes) de mostrar que no eran celiacos y que tenían un empeoramiento de los síntomas cuando ingerían gluten. También debían de haber llevado una dieta libre de gluten un tiempo considerable antes del comienzo del estudio. Tenemos que tener en cuenta que este es un estudio que no representa a la mayoría de la población, sino que es un grupo de población que tiene una sensibilidad al gluten diagnosticada por criterios estrictos. De los 39 pacientes 5 no cumplieron los requisitos. A los 34 restantes, se les administró magdalenas y pan durante 6 semanas, mientras consumían una dieta libre de gluten. La mitad de los pacientes estaban tomando pan y magdalenas sin gluten, y la otra mitad con gluten. Los pacientes no sabían a qué mitad del estudio pertenecían. El grupo que tomaba gluten tenían significativamente más síntomas que el grupo que no tomaba gluten (los síntomas incluían dolor abdominal, hinchazón, y problemas de consistencia en las heces. Pero con diferencia, el síntoma más común era el cansancio. De esta forma el estudio demostraba que la sensibilidad al gluten no celiaca era real.

Pero ¿Qué posibilidades reales tenemos de padecer esta sensibilidad al gluten no celiaca?

En la ausencia de un historial familiar relacionado con la celiaquía o condiciones asociadas y en ausencia de síntomas crónicos, la investigación sugiere que las posibilidades de contraer esta sensibilidad son mínimas. Un grupo de estudio declaraba que sobre el 6% de todos los pacientes vistos por un centro especializado en celiaquía tenían una sensibilidad al gluten no celiaca. Sin embargo, el sentido común nos dice que este número no puede ser generalizado a la población en general. Ya que para ser un paciente de este centro, debes de tener una alta probabilidad de ser celiaco o problemas relacionados.

En otro centro especializado en celiaquía en Italia, mencionado anteriormente, 46 pacientes celiacos fueron diagnosticados en un año, 15 fueron diagnosticados de sensibilidad al gluten no celiaca, y 90 fueron diagnosticados de hipersensibilidad múltiple a diversos alimentos. En otras palabras, la sensibilidad al gluten no celiaca era muy poco común.

Todas estas investigaciones sugieren que aunque la sensibilidad al gluten no celiaca es un problema real con una variedad amplia de síntomas, es poco probable comparado con el número de personas que se han lanzado una dieta libre de gluten esperando que con ello sus problemas de salud se resuelvan. Las investigaciones sugieren que algunas personas tienen problemas con el gluten, aparte de aquellos con enfermedades autoinmunes por el gluten (celiaquía), pero a día de hoy, no hay suficiente investigación para culpar al gluten de los males de una amplia mayoría de la población.

Quizás de aquí a 10 años tendremos un mejor entendimiento y más investigaciones sobre este problema que preocupa a una parte de la población.

¿Qué deberíamos hacer?

Las recomendaciones finales sobre este asunto serian las siguientes:

– Evita toda la comida procesada y refinada en la cual la mayoría de las personas consumen todo el gluten que ingieren en su dieta (pan blanco, pizza, galletas, pasteles, pasta hecha con harina blanca), y toma una gran variedad de cereales siempre en su forma integral y lo menos procesados que sea posible (sin aditivos, colorantes ni conservantes).

– Si tienes familiares con celiaquía y estás en algún grupo de alto riesgo (aquellos que tienen algún tipo de enfermedad autoinmune, anemia severa de causa desconocida u osteoporosis), o tienes dolores abdominales crónicos o problemas digestivos crónicos. Si tienes alguno de estos síntomas o condiciones, consulta con tu médico/a para hacerte los análisis para descartar ningún tipo de alergia o intolerancia al gluten.

– Si tras hacerte las analíticas correspondientes no tienes celiaquía y no tienes ningún tipo de alergia alimentaria, incluida la alergia al trigo, pero continúas teniendo sintomatología intestinal, consulta con tu médico como hacer pruebas supervisadas para saber si realmente tienes una sensibilidad al gluten.

– Para aquellos que no ven otra posibilidad (intentado ya todo lo anterior), deberían comenzar con una dieta libre de gluten por sí mismos. El gluten no es necesario para tener buena salud, y 4 semanas de una dieta libre al 100% de gluten sería suficiente para ver si nos sentimos mejor con una dieta sin gluten. Entonces deberías evitar todos los alimentos que contiene gluten como el trigo, cebada, centeno, avena y todos los productos procesados que no especifique que están libres de gluten. El problema con este método es que no podemos eliminar la opción del efecto placebo. Tampoco podemos descartar la opción de que sea la eliminación del resto de ingredientes que vienen con los alimentos procesados que contienen gluten los que nos estén causando la mejoría, o podría también hacernos sentir mejor la posibilidad de que estemos ingiriendo menos calorías totales.

– Y como última recomendación es que si vas a realizar las pruebas de celiaquía, alergias e intolerancias en tu centro médico, no lleves una dieta sin gluten antes de dichas pruebas ya que pueden hacer que den negativo.

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